martes, 5 de febrero de 2008

El nuevo aeropuerto

El nuevo aeropuerto prevé crear 2500 empleos por cada millón de pasajeros
El proyecto del aeropuerto incluirá un parque tecnológico, redes básicas, zona comercial y dependencias varias hasta sumar 1.200 hectáreas

ANTONIO JOSÉ ARMERO

Si se traza un círculo de 140 kilómetros de radio desde el aeropuerto entra toda ExtremaduraUN sitio en el que despegan y aterrizan aviones. Sería la respuesta de un niño, y nada habría que reprocharle. En sentido estricto, eso es un aeropuerto. Eso sí, la contestación es reduccionista. Una base aérea es la pista y los aviones, pero también muchas cosas más. En el caso concreto del aeropuerto internacional de Extremadura, habrá infraestructuras y dependencias hasta alcanzar la nada despreciable cifra de 1.200 hectáreas (o sea, unos 1.200 campos de fútbol, aproximadamente).

El proyecto incluirá un parque tecnológico, redes básicas para garantizar el suministro de agua o electricidad, comunicaciones por carretera y tren, transporte público, talleres, hoteles, zona comercial... En definitiva, una serie de instalaciones que obligarán a los autores del proyecto a descender al nivel de detalle mínimo. Al final, el aeropuerto extremeño será una pequeña urbe, otro de los motivos que invitaban a hilar fino a la hora de elegir el sitio. Se han tenido en cuenta consideraciones de tipo geográfico, social, económico, medioambiental y topográfico, por supuesto, pero también de espacio. Es preciso disponer de una superficie considerable, que haya sitio para las distintas instalaciones, que la operatividad esté garantizada y que el trasiego de aeronaves que van y vienen no encuentre obstáculos.

Entre unas dependencias y otras, el aeropuerto internacional de Extremadura ocupará una superficie aproximada de 1.200 hectáreas. En este sentido, la ubicación elegida garantiza que no faltará espacio físico. El paraje en el que se asentará la base tiene unas dimensiones que se acercan a los diez kilómetros de largo por siete de ancho. Y no presenta dificultades desde el punto de vista de la orografía del terreno.

Tampoco plantea problemas la presencia humana próxima, otro de los factores primordiales a la hora de optar por un lugar u otro. En este capítulo, el mayor inconveniente son los ruidos. Sin embargo, la situación concreta de las pistas parece zanjar la cuestión, al menos a priori. Los aviones que utilicen el aeropuerto internacional de Extremadura afrontarán el aterrizaje desde el espacio aéreo que discurre entre Aldea del Cano (743 habitantes) y Casas de Don Antonio (209), las dos localidades más cercanas. «No sobrevolarán sus cascos urbanos», asegura Victoriano Roncero, de la empresa Aristos Ingenieros, que ha colaborado con Técnicas Reunidas -la firma autora del proyecto-, en los trabajos desarrollados hasta ahora, y que seguirá haciéndolo en el desarrollo de las siguientes fases.

Los ruidos más molestos se producen no en el aterrizaje, sino a la hora de despegar. Es entonces cuando los motores suenan más fuertes. Y esa maniobra en la que las máquinas se despiden del suelo se hará en dirección a la carretera que une las dos capitales de provincia, que según las previsiones, será una autovía (la regional EX-A4). Los vecinos de uno y otro municipio, pues, pueden estar tranquilos, porque los aviones despegarán a varios kilómetros de sus viviendas, y lo harán en dirección contraria al casco urbano.

Lo mismo ocurrirá con las dos zepas (Zonas de Especial Protección de Aves) que custodian la base, la de Los Llanos de Cáceres y la de la Sierra de San Pedro. La ubicación concreta elegida para la infraestructura está justo entre los dos territorios protegidos, algo que preocupa a algunos ecologistas.

A este hecho se refirió hace unos días en este diario Antonio Díaz, de Adenex (Asociación para la Defensa de la Naturaleza en Extremadura). En su opinión, el sitio escogido no es el mejor desde el punto de vista medioambiental, precisamente por el hecho de estar cerca de dos zepas. «Los aviones no sobrevolarán ni los cascos urbanos de los dos pueblos ni ninguna de las dos zepas», dice Roncero, que apunta un dato importante a la hora de defender el lugar elegido entre las distintas opciones que había en diferentes puntos de la región. «Si se traza un círculo -propone- de un radio de unos 140 kilómetros, entra casi toda Extremadura y parte de Portugal».

En torno a las pistas

Mucho más cerca, en torno a las pistas, se dibujan una serie de infraestructuras obligatorias para el buen funcionamiento del aeropuerto y aconsejables para una explotación lo más rentable posible. Por ejemplo, el parque tecnológico, que incluye desde talleres para solventar cualquier incidencia en los aparatos hasta instalaciones de tipo industrial o relacionadas con la logística. «El aeropuerto no son sólo las pistas y las terminales -resume Victoriano Roncero-, ni hay que pensar sólo y exclusivamente en que lo usarán los turistas o la gente que viaja de un lugar a otro, conviene no olvidar a los transportes».

De hecho, esta forma de pensar y de gestionar la infraestructura está muy presente en otras bases españolas, como la de Vitoria. «Es un ejemplo que puede servir para nuestra comunidad autónoma», apunta Victoriano Roncero. «Por su situación en el mapa -amplía-, el aeropuerto extremeño puede ser una base importante para la distribución de determinados productos en una zona muy amplia». Esta vertiente comercial de la infraestructura pasa también por negocios tradicionalmente ligados a los aeropuertos, como los de restauración (cafeterías y restaurantes), hoteles, tiendas o empresas de alquiler de vehículos.

No obstante, este tipo de cuestiones irán tomando cuerpo en los próximos meses. Una vez escogida la ubicación y presentado el proyecto a la sociedad, empieza de verdad el trabajo burocrático. Uno de los siguientes pasos en este proceso es la catalogación de la iniciativa como un PIR (Proyecto de Interés Regional). La aprobación compete a la Junta de Extremadura, que apoya la propuesta de forma decidida. En grandes líneas, el hecho de que la iniciativa sea un PIR significará que se le allana el camino burocrático. Antes de que el Ejecutivo autonómico cumpla esa formalidad, debe tener sobre su mesa una serie de documentos justificativos, que las empresas encargadas de desarrollar el proyecto quieren tener listos en unos pocos meses.

Estudios siguientes deberán delimitar de forma detallada cómo afecta el proyecto a las fincas del lugar. Son varias, de distintos propietarios, casi todos ellos titulares de esas explotaciones desde hace años. Con ellos habrá que negociar la compra de los terrenos, y en el caso de no alcanzar acuerdos, se optará por la expropiación. Hay que perfilar con exactitud por dónde van las pistas, las terminales, las zonas de carga de equipaje y mercancías, y una serie de infraestructuras anexas al aeropuerto, entre ellas las comunicaciones. Habrá una carretera de unos siete kilómetros que conectará la base con la A-66 (Autovía de la Plata) y otra, de seis kilómetros, que la unirá con la futura calzada de cuatro carriles entre Cáceres y Badajoz.

En coche y en tren

Al margen de la conexión por carretera, las distintas partes implicadas han subrayado la necesidad de añadir una estación del AVE. «Tiene que haber una conexión con el tren de alta velocidad -sentencia Roncero-, si no es una estación, será un apeadero o un tren de tipo lanzadera». En definitiva, un transporte público que cumpla una función similar a la del metro en Madrid-Barajas.

En este punto, el proyecto tiene una ventaja: la línea ferroviaria de alta velocidad pasará muy cerca del lugar elegido para el aeropuerto. El recorrido previsto sigue un trazado casi paralelo a la línea actual, y en él trabajan desde hace tiempo los técnicos de Fomento. Este ministerio tendrá que trabajar en conjunto con otros, y con las administraciones extremeñas, en las siguientes fases del proyecto.

Las empresas encargadas de desarrollar el proyecto contarán con equipos multidisciplinares, integrados por arquitectos, ingenieros, biólogos y otra serie de profesionales de distintos campos del conocimiento. Mientras ellos realicen su trabajo, dará sus pasos otra parte importante de la propuesta: la económica. Caja de Extremadura, promotora de la iniciativa, ya ha informado que en la sociedad que gestione los presupuestos y su desarrollo deben involucrarse otras sociedades. No en vano, se trata de una iniciativa privada. Con el respaldo de la Junta, pero privada. Entre unos y otros irán dando forma al aeropuerto internacional de Extremadura, el lugar de las pistas, los aviones y muchas cosas más.

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