Volar la primera vez
En la década del 50 viajaba en un dos hélices de PLUNA, desde Santa Cruz a Asunción. Al cruzar el chaco boliviano observé que nos acercábamos rápidamente a un enorme manto de nubes. El avión impasible prosiguió su vuelo penetrando en él. El aparato se frenó y empezó un zarandeo que parecía el de una nuez empujada por el hocico de un perro que quiere morderla. Gran susto y algunos arrojos de alimentos
Manuel I. Chirinos, Lima, Perú
Mi primer vuelo, allá por 1942, fue en un hidroplano, que unía el puerto de Montevideo con el de Buenos Aires. Los asientos estaban enfrentados, de a dos, y en el medio había una mesa. Era comodísimo, no como ahora. Y mi padre me explicaba que si había algún problema, el piloto sólo debía amarizar, y seguir como una lancha.
Beatriz Podestá, Montevideo, Uruguay
Tengo un hermano que es un auténtico líder espiritual. Trabaja con los indígenas totonacas en la sierra veracruzana. Un día trasladándose en una avioneta muy vieja para ir a visitar a una comunidad alejada, de pronto se le cayó la puerta. ¡Imagínense el susto que se llevó mi hermano y el piloto, quien tuvo que maniobrar rápidamente para encontrar un lugar seguro donde aterrizar!
Juan Manuel Silva, Hermosillo, México
El vuelo era desde Bakú (Azerbaiján) a Estambul, Este vuelo lo había realizado muchas veces, y estaba acostumbrado a la peculiar forma en que los auxiliares de vuelo atendían los requerimientos del pasaje. El vuelo era de una línea azerí, y el avión un tupolev. Me dispuse a cubrir aquellas cuatro horas de viaje en la mejor de las compañías, es decir un libro que me entretenía y abstraía de casi todo. Yo iba sentado detrás de una de las alas, en mi ventanilla observé gotas de lluvia, pero a 30.000 pies no es frecuente. Miré el plano del ala y comprendí dónde estaba la fuente de mi preocupación: a partir de entonces no tenían tapa y el combustible salía a borbotones. Me preguntaba si esa lluvia de keroseno, podría hacer explotar el motor que estaba a mi izquierda. Se lo dije a un auxiliar de vuelo, y su repuesta fue lógica: el problema sólo se terminaría cuando el avión hubiese consumido el suficiente combustible. Con esa respuesta, que no admitía ningún tipo de réplica continué leyendo. El libro trataba de los viajes de Marco Polo; él lo pasó peor.
Manuel, Málaga, España
Monté como pasajero aviones de líneas comerciales, pero la primera vez que monté un monomotor me agarré cómo un gato al tronco de un árbol del asiento. Créame que dominé el miedo y hoy en día los piloteo. Volar es la mejor sensación y la mejor terapia que he experimentando en mi vida.
Edgardo Valentín, Vega Baja, Puerto Rico
Mi vuelo más memorable fue en el Concorde en marzo del 2002. Yo creía que jamás volaría en él, por el alto costo del boleto, pero nunca dejé de creer que podría hacerlo y con mucho esfuerzo y paciencia lo logré. Guardaré siempre en mi corazón esos bellos momentos.
Rafael Figueroa Méndez, Monterrey, México
Nuestra primera experiencia fue en mi luna de miel con Etelvina desde Barquisimeto a la ciudad de los caballeros, Mérida, Venezuela. Al aproximarnos al aeropuerto sentimos miedo pues el avión aterrizaba por "encima" de las casas que lo rodeaban, nos abrazamos y nos encomendamos a Dios por un feliz aterrizaje. Después hemos viajado por varios países y es como algo normal.
Reynaldo Oropeza, Barquisimeto, Venezuela
Había pasado el Huracán Lester por mi desértico Estado. Días después volé de Hermosillo a la ciudad de Los Ángeles en un turbo Comader y no perdía detalle del terreno raramente con espejos de agua por muchos lados. De pronto veo una extensión gigante de agua, una enorme laguna en uno de los lugares más secos del planeta. Sabría después que la laguna de San Bartolo había quedado en el interior del continente al ir disminuyendo por siglos el flujo del río que anteriormente llegaba al mar. De regreso a Hermosillo al día siguiente, bajando del avión, nos trasladamos a esa parte desértica, a la laguna efímera, para darnos un baño.
Carlos Larios Gaxiola, Hermosillo, México
Mi primer viaje en avión fue en 1975 a bordo de un vetusto DC-3 de la Armada Argentina en viaje a Tierra del Fuego. La cabina no era presurizada y la puerta estaba atada con alambre. Pero para mí, que sólo contaba con 9 años, fue una experiencia inolvidable.
Pablo Ruiz Diaz, Buenos Aires, Argentina
Tuve la fortuna que mi padre fue dueño de un Piper Comanche 250, volábamos en Venezuela cuando nos envolvió una tormenta, y entramos en barrena, la maniobra que realizo nos salvó y luego de aterrizar, mi padre que no bebía se tomo dos rones doble y secos......
Juan Cristóbal, Caracas, Venezuela
El vuelo mas memorable que he tenido fue en 1992. En ese año se celebró el quinto centenario del descubrimiento de América. Fue la primera vez que me subía a un avión e iba en dirección de San Juan a España (Madrid). Fue la mejor experiencia que tuve, me impresionó lo organizado de la línea aérea, la comida, la altura, el ver el anochecer y la diferencia de horas entre Puerto Rico y España. Estar ocho horas en el aire, un día de trabajo. Mientras estaba en el avión me sentía como si estuviera en un cuarto con acondicionador de aire. Además, meditaba que Cristóbal Colón tardo tres meses para llegar a América por el mar hace 500 años y yo recorría en ocho horas esa ruta pero a la inversa. Cuando llegue a Madrid eran las 6:00am del domingo y en mi país eran alrededor de 12:00 media noche. Luego tomamos otro avión hacia Londres, el tiempo fue mas corto. Impresionante ver las terrazas de sembrados, los colores verdes, los edificios, el Parlamento, el río. Sueño con volver a viajar.
C. Tirado, Bayamon, Puerto Rico
Si hay algo realmente gratificante (y recomendable) es la posibilidad de volar por Chile. Para quienes hemos tenido la suerte de hacerlo de forma más o menos regular, puede resultar una experiencia sin parangón. ¿En que otro lugar sobrevuelas el desierto más inhóspito del mundo y - en cuestión de una o dos horas - ya lo haces sobre fiordos y glaciares del extremo sur? Vale la pena, se los aseguro.
Alejandro Lagos, Santiago, Chile
Desde muy joven viaje en avión, pero la mayor impresión y donde le perdí el miedo fue, en una avioneta de un primo, muy gomoso él por la aviación y nos fuimos a conocer la Guajira Arriba de Colombia, lugar exótico y bello. En vuelo se nos daño la seguridad de la ventanilla mía y tuvimos que aterrizar en una trocha a campo abierto de camión para asegurar la ventanilla y volver a levantar vuelo sobre la misma. Fue una experiencia inolvidable, pero creo desde ese suceso, le perdí el miedo a volar en cualquier tipo de avión, por pequeño que sea. Creo que es el medio de trasporte más seguro que hay.
Juan B. Abuchaibe , Medellín, Colombia.
A los 37 años en un viaje caracas a Pto. la Cruz trasnochado y bien enratonado en un DC 9 de aeropostal, desde la ventana seguí todo el viaje sin marearme. A pesar que estaba tomado disfrute mucho.
Henry A. Cordero, Valencia, Venezuela
Recuerdo que viajé por primera vez en avión desde Asunción a Tokio. Sentí terror al principio. Me consoló un acompañante del asiento; nos hicimos amigos y nos casamos un año después. Fue maravilloso. De eso hace 20 años. ¡Qué romántico!
Ana María Florentine, Asunción, Paraguay
Mi primer vuelo aéreo fue en 1988, en la línea aérea Faucett, rumbo a Trujillo. Estaba impresionado por el naranja DC-8 que usaba la compañía además del ambiente y orden del aeropuerto. Abordo el capitán saludó y dijo algo por la navidad que se acercaba, luego despegamos, nunca olvidaré lo rápido que llegamos a un destino tan distante, ver la geografía desde la altura, nada tan increíble como eso, esa experiencia me marcó y ahora la aviación es una de mis grandes pasiones. Eh viajado muchas veces, pero nada como ese primer vuelo.
Eduardo Alva, Lima, Perú
martes, 5 de febrero de 2008
Éstas son algunas de las historias recibidas:
en 3:25
Etiquetas: Viajar avion
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